Blue Flower

De estatuas, héroes modernos y hábitos de vida.

Si estamos en París y nos pasamos por el Louvre subiendo una de las escalinatas principales, nos encontramos con una magnífica y famosa estatua griega, es la “Victoria de Samotracia”, una majestuosa representación de la diosa Nike, la diosa griega de la victoria. Parece ser que cuando Eucles (según Plutarco) llegó a Atenas tras correr durante horas y anunció el éxito Ateniense en la batalla de Maratón, gritó: “Nike”. En la antigüedad, tanto en las leyendas como en la realidad, la victoria tenía un significado finalista y letal.

Victoria de Samotracia foto Louvre

La gente no entiende hasta que punto me obsesiona ganar” Kobe Bryant, esta es una de las frases más conocidas de la recientemente malograda superestrella del baloncesto, de hecho en Estados Unidos le han puesto nombre a esta actitud: La “mamba mentality”. 

Los grandes héroes del deporte moderno mantienen el significado clásico del término y solo aceptan la pugna deportiva en una dualidad básica: ganar o perder. Siempre existe un duelo y  alguien que supera a otro, que directamente cae en un abismo sin fin.

Kobe Bryant

En la sociedad moderna del siglo XXI cada vez más tendemos a manejar blancos o negros y a no valorar la escala de grises, existe una competitividad malsana que inunda todos los estratos sociales y que es transversal a casi todas las sociedades, países y culturas.

Cuando iniciamos un trabajo físico con cambios de hábitos de vida, tenemos innumerables enemigos a vencer: la pereza, el cansancio, la ansiedad y el stress o la desmotivación y el abandono, ya son suficientes piedras en el camino como para añadir una espada de Damocles definitiva de todo o nada.

Tal vez debiéramos desligar la victoria del concepto clásico, o del que Bryant nos expone en el alto rendimiento deportivo. Desde la perspectiva del trabajo físico, la victoria no es otra cosa que una consecuencia del esfuerzo y la constancia, no un fin en si misma.

La competición es casi siempre algo positivo, cuando está bien enfocada y entendida, desde una instrospección personal y no como un aplastamiento del contrario. Nos puede ayudar a estimular el esfuerzo y alcanzar metas. Cuando queremos elevar nuestra calidad de vida, y mejorar nuestros hábitos, dietas o trabajos físicos, estamos compitiendo contra nosotros mismos, buscamos estar más fuertes, más ágiles, cansarnos menos, ganar autoestima o deshacernos del stress o ansiedad de la vida moderna.

El concepto de victoria deja de ser algo absoluto y finalista, se puede convertir en un infinito conjunto de logros diarios y personales que nos permiten escalar pequeños peldaños. Cada día que salimos a correr es una victoria, cada día que empezamos la sesión de ejercicios y la acabamos sudando es una victoria, cada día que remiten los dolores en la espalda es una victoria, cada vez que renunciamos a un hábito nocivo es una victoria. Llegar lo más arriba posible es un desafío al alcance de cualquiera, todos podemos avanzar y, curiosamente, si partes desde un escalafón más bajo, tendrás muchos más niveles o pequeñas victorias personales para conseguir.

Si observamos la estatua de La Victoria y dejamos a un lado los aspectos técnicos y artísticos, yo veo una persona empoderada, valiente y que brilla, mostrando el cuerpo orgullosa, con una gran confianza en sí misma y una salud de acero, me imagino que si el autor tuvo una modelo fue alguien atlética y sana, vital y que cuidaba su cuerpo. Es una imagen preciosa de culto a la salud, al cuerpo y sí, al éxito en lo que te propongas.

La verdadera victoria